lunes, 18 de enero de 2010

Panico en el plató







Anoche pudimos ver a Mayra Gómez Kemp en Pánico en el plató. Un programa que a mi se me antojaba nostálgico y emotivo y no me equivoque en absoluto. Se que en mas de una ocasión Mayra ha estado en algún programa del corazón donde la han entrevistado, pero ni de lejos se trataba de hacer algo como lo de anoche.




Sin ninguna duda Mayra Gómez Kemp es mi primer referente televisivo no infantil. La recuerdo como presentadora de la mejor etapa del Un, Dos, Tres. Se que hubo etapas antes y después, pero nada que ver con lo que significo esa para toda una generación de teleadictos. Recuerdo como los viernes por la noche veíamos toda la familia el programa hasta el final, prácticamente jugando como los concursantes, dejando unos regalos y quedándonos con otros, totalmente pendientes de que premios perdían y lo bien o mal que lo hacían los concursantes. Por supuesto usé y repetí las muletillas que iban saliendo del programa hasta la saciedad, y disfrute como un niño (que es lo que era) todos y cada uno de los programas. Es curioso lo selectiva que es la mente, como recuerda ciertas cosas y otras no, pero sin duda ese recuerdo sigue muy vivo en mi cabeza.




Por eso, y a pesar de lo que digan las audiencias, a mi me gustó mucho ayer Pánico en el plató, me gustó volver a ver a Mayra después de la enfermedad que ha tenido y comprobar que aunque con secuelas, en pantalla sigue teniendo el mismo magnetismo y la misma profesionalidad de siempre. Me emocione cuando se reencontró con gente que hacia tiempo que no veía, y se me puso la piel de gallina varias veces, sobretodo oyéndola recordar aquella etapa con especial cariño y escuchando a Chicho, que al parecer tampoco lo ha pasado muy bien últimamente.


Otro de los placeres de los que pudimos disfrutar anoche fue ver la cara de satisfacción de Lluis Larrodera, que estoy seguro disfrutó también como un niño. Este señor le ha dado una vuelta al programa sin cambiar nada, solo con su presencia y su saber hacer.



Por suerte toda esta nostalgia terminó con una sonrisa cuando todos los “cómplices” del programa abrazaron a Mayra para acabar. Me encantó ver el programa , pero también dejó una extraña sensación, y es que además de constatar que ya tenemos una edad, también quedo patente que los “mitos” y referencias de uno son tan frágiles como cualquier persona, tan frágiles como uno mismo.